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Puertos colombianos alcanzan récord operativo en medio del auge del cibercrimen y del alza del 417% en riesgos climáticos
En 2024, el sistema portuario gestionó 180,57 millones de toneladas de carga; sin embargo, el 33,1% del volumen total sigue atado a la exportación de carbón, exponiendo al sector a una severa obsolescencia frente a la transición energética global.
Bogotá, 4 de mayo de 2026.- A pesar de registrar un volumen operativo histórico, el sistema portuario colombiano navega hoy en aguas turbulentas. Durante 2024, las terminales del país gestionaron 180,57 millones de toneladas de carga, lo que representó un crecimiento del 2,5% frente al año anterior. De este volumen, el 81,06% correspondió a las dinámicas del comercio exterior, ratificando a los puertos como el gran motor económico del país.
Sin embargo, el más reciente informe Puertos de Colombia 2026 de Prosegur Research, advierte que esta infraestructura crítica se encuentra bajo el asedio simultáneo de la tensión geopolítica global, la sofisticación del crimen organizado y la inminente crisis climática. Al respecto, José María Blanco, director de Prosegur Research, señala la magnitud de este desafío asegurando que “en Colombia, los puertos son considerados como infraestructuras estratégicas en virtud de su función indispensable para el sostenimiento de la economía nacional y la cadena de suministro. No obstante, este mismo nivel de importancia los erige hoy como instalaciones altamente vulnerables, expuestas a la materialización de un impacto sistémico por cuenta de amenazas procedentes del ámbito político-económico, de seguridad física y del entorno ambiental”.
La geopolítica ha dejado de ser un tema exclusivo de la diplomacia para convertirse en un factor de riesgo en los muelles nacionales. El informe de Prosegur Research resalta una extrema competencia geopolítica y geoeconómica que amplifica las incertidumbres. Esta conflictividad amenaza con la imposición de barreras y certificaciones que limitarían la inversión extranjera, afectando especialmente a los puertos del Pacífico, cuya estructura comercial y de inversión depende altamente de los países asiáticos.
El estancamiento en la modernización tecnológica frente a otros mercados regionales podría ser el primer daño colateral de esta disputa. A nivel interno, el modelo de negocio portuario presenta una marcada asimetría que acentúa su fragilidad a largo plazo. La cuenca del Caribe domina el flujo nacional al movilizar el 87,1% de la carga total, pero lo hace apoyada en una altísima dependencia extractivista. El carbón constituye el material de mayor preponderancia con 59,7 millones de toneladas, equivalentes al 33,1% del total nacional, cifra a la que se suman 49,6 millones de toneladas de graneles líquidos. Esta concentración exportadora expone a las terminales de la costa norte a una severa obsolescencia financiera frente a la inevitable aceleración global de la descarbonización y la transición energética.
En la otra cara de la moneda se encuentra la ciudad de Cartagena, que ha logrado capitalizar las disrupciones globales consolidándose como un nodo de redistribución de manufacturas. Esta zona portuaria movilizó 50,15 millones de toneladas, dominando el 66,4% de los contenedores (TEUs) del país y registró un crecimiento del 17% en sus operaciones de transbordo, en parte por absorber el tráfico de buques afectados por las restricciones de calado derivadas de las sequías en el Canal de Panamá. Pero el éxito logístico de los puertos palidece frente a la grave crisis de seguridad que detalla Prosegur Research.
El crimen organizado ja convertido la cadena de suministro en un eslabón fundamental de sus economías ilícitas. Actualmente, el corredor marítimo del Pacífico concentra el 74% del tráfico de cocaína en el continente. En el territorio nacional, grupos armados organizados como los Shottas y Espartanos ejercen control territorial en zonas aledañas a Buenaventura, imponiendo el pago sistemático de extorsiones o "vacunas" a los transportistas bajo amenaza de agresiones armadas e incineración de vehículos. Para burlar los controles aduaneros, estas redes delictivas han sofisticado sus métodos, combinando la infiltración de personal interno para manipular los contenedores físicos con intrusiones cibernéticas a los Sistemas Operativos de Terminal (TOS). Estas vulneraciones digitales les permiten alterar manifiestos y apagar remotamente los circuitos de videovigilancia para facilitar la salida de la droga con apariencia de total legalidad.
A estas amenazas humanas se suma una disrupción de la naturaleza sin precedentes. El territorio colombiano experimentó un dramático incremento del 417% en eventos climáticos extremos entre 2023 y 2024, registrando más de 8.600 incidentes. El ascenso del nivel del mar, las inundaciones en los patios de contenedores y la erosión costera plantean hoy un desafío financiero enorme para garantizar la operatividad continua.
Frente a este panorama, José María Blanco, director de Prosegur Research, concluye que “la convergencia del narcotráfico exige una reingeniería profunda del control, destacando que la automatización de procesos y el uso de tecnologías de inspección no intrusiva son la única respuesta técnica para frenar la criminalidad sin golpear la velocidad logística”.
A pesar del crudo diagnóstico, Prosegur Research vislumbra una hoja de ruta para la supervivencia económica del sector. La clave radica en una urgente diversificación de la matriz exportadora para dejar la alta dependencia de la minería. Impulsar sectores dinámicos y de mayor valor agregado, como el café y el cemento, rubro que hoy representa apenas el 1,5% de las exportaciones, permitiría reconfigurar la vocación logística de Colombia. Solo a través de terminales multipropósito y un salto tecnológico audaz, el país podrá retener a los buques de gran calado y asegurar su permanencia como una potencia comercial en la región durante las próximas décadas
Puedes consultar aquí el informe completo: https://www.prosegurresearch.com/blog/insights/puertos-colombia